31 definiciones que la RAE no da para una generación perdida

Seleccionamos 31 acepciones del Diccionario del Diablo del escritor Ambrose Bierce: conceptos cínicos y pesimistas escritos entre 1906 y 1911 con un inquietante vigor en nuestros días.

El imperialismo cultural es a veces tan evidente que hoy saciamos la tentación de reivindicar el nombre de un autor casi olvidado. Ambrose Gwinett Bierce cautivó entre finales del siglo XIX y principios del XX a la costa oeste de Estados Unidos. Lo hizo con una prosa mordaz, cáustica, trágica. Las últimas décadas de su vida las dedicó a definir en sucintas palabras conceptos tan amplios, complejos y abstractos como “política”, “alma”, “policía” o “cagada de mosca”.

Es el autor del Diccionario del Diablo, su obra más conocida. Un tomo con unas mil definiciones que se publicó en 1911. Cinco años antes, en 1906, sus editores habían publicado con otro nombre -por prejuicios religiosos- la obra bajo el título de Lexicografía del Cínico. Bierce se desquitó con sus antiguos jefes en prólogos de ediciones posteriores: para el título original el autor no tuvo “el poder de rechazarlo, ni la alegría de aprobarlo”. Hoy, más de un siglo después de su publicación, este diccionario está disponible completo en la red gracias a que sus derechos son de libre uso.

De su muerte solo hay estimaciones. 1914, en México. Cayó en sus ensueños revolucionarios y se enroló a la cuadrilla de Pancho Villa. En una carta a una sobrina: “Adiós. Si oyes que me han colocado contra un muro mexicano y cosido a balazos, quiero que sepas que me parece una forma bastante buena de dejar esta vida. Es mucho mejor que la vejez, la enfermedad o caerse por la escalera del sótano. Ser gringo en México… ¡ah, eso sí que es eutanasia!”.

Sabemos de Bierce gracias a Juan Area, el periodista detrás de Biografías & Memorias. Un rápido vistazo a este Diccionario del Diablo nos sirvió para comprobar que muchas de estas definiciones tienen vigor hoy día. Hemos elegido a continuación 31 de ellas, 31 conceptos que son especialmente sensibles para una generación de jóvenes que ahora aprietan puño y dientes por remontar. Mejor si es con cinismo y rabia. 


Autoestima, s. Evaluación errónea.

Beber, v. t. e. i. Echar un trago, ponerse en curda, chupar, empinar el codo, mamarse, embriagarse. El individuo que se da a la bebida es mal visto, pero las naciones bebedoras ocupan la vanguardia de la civilización y el poder. Enfrentados con los cristianos, que beben mucho, los abstemios mahometanos se derrumban como el pasto frente a la guadaña. En la India cien mil británicos comedores de carne y chupadores de brandy con soda subyugan a doscientos cincuenta millones de abstemios vegetarianos de la misma raza aria. ¡Y con cuánta gallardía el norteamericano bebedor de whisky desalojó al moderado español de sus posesiones! Desde la época en que los piratas nórdicos asolaron las costas de Europa occidental y durmieron, borrachos, en cada puerto conquistado, ha sido lo mismo: en todas partes las naciones que toman demasiado pelean bien, aunque no las acompañe la justicia.

Celo, s. Cierto desorden nervioso que afecta a los jóvenes e inexpertos. Pasión que precede a una prosternación.

Cita, s. Repetición errónea de palabras ajenas.

Degenerado, adj. Menos admirable que sus antepasados. Los contemporáneos de Homero eran notables ejemplos de degeneración; hacían falta diez de ellos para alzar una roca o promover un motín que cualquier héroe de la guerra troyana habría alzado o promovido con facilidad.

Destino, s. Justificación del crimen de un tirano; pretexto del fracaso de un imbécil.

Distancia, s. Único bien que los ricos permiten conservar a los pobres.

Educación, s. Lo que revela al sabio y esconde al necio su falta de comprensión.

Emancipación, s. Cambio por el que un esclavo trueca la tiranía de otro por el propio despotismo.

Entusiasmo, s. Dolencia de la juventud, curable con pequeñas dosis de arrepentimiento y aplicaciones externas de experiencia.

Futuro, s. Época en que nuestros asuntos prosperan, nuestros amigos son leales y nuestra felicidad está asegurada.

Genealogía, s. Estudio de nuestra filiación hasta llegar a un antepasado que no tuvo interés en averiguar la suya.

Gobierno monárquico, s. Gobierno.

Ilusión, s. Madre de una respetabilísima familia, que incluye al Entusiasmo, el Afecto, la Abnegación, la Fe, la Esperanza, la Caridad y muchos otros vástagos igualmente virtuosos.

Imprevisión, s. Satisfacción de las necesidades de hoy con las rentas de mañana.

Libertad, s. Uno de los bienes más preciosos de la Imaginación, que permite eludir cinco o seis entre los infinitos métodos de coerción con que se ejerce la autoridad. Condición política de la que cada nación cree tener un virtual monopolio. Independencia. La distinción entre libertad e independencia es más bien vaga, los naturalistas no han encontrado especímenes vivos de ninguna de las dos.

Locura, s. Ese “don y divina facultad” cuya energía creadora y ordenadora inspira el espíritu del hombre, guía sus actos y adorna su vida.

Matrimonio, s. Condición o estado de una comunidad formada por un amo, un ama y dos esclavos, todos los cuales suman dos.

Niñez, s. Período de la vida humana intermedio entre la idiotez de la primera infancia y la locura de la juventud, a dos pasos del pecado de la adultez, y a tres del remordimiento de la ancianidad.

No combatiente, s. Un cuáquero muerto.

Obsoleto, adj. Lo que ya no usan los tímidos. Se aplica principalmente a las palabras. La palabra que cualquier diccionario califica como obsoleta se convierte en objeto de terror para el escritor necio, pero si es una palabra buena y no tiene equivalente moderno igualmente bueno, la usará el buen 43 escritor. En realidad, la actitud de un escritor hacia las palabras “obsoletas” es un índice de su capacidad literaria tan bueno como cualquier otro, salvo el carácter de su obra.

Obstinado, adj. Inaccesible a la verdad, tal como se manifiesta en el esplendor y la fuerza de nuestras creencias. El prototipo popular de la obstinación es la mula, animal muy inteligente.

Oportunidad, s. Ocasión favorable para atrapar un desengaño.

Optimismo, s. Doctrina o creencia de que todo es hermoso, inclusive lo que es feo; todo es bueno, especialmente lo malo; y todo está bien dentro de lo que está mal. Es sostenida con la mayor tenacidad por los más acostumbrados a una suerte adversa. La forma más aceptable de exponerla es con una mueca que simula una sonrisa. Siendo una fe ciega, no percibe la luz de la refutación. Enfermedad intelectual, no cede a ningún tratamiento, salvo la muerte. Es hereditaria, pero afortunadamente no es contagiosa.

Político, s. Anguila en el fango primigenio sobre el que se erige la superestructura de la sociedad organizada. Cuando agita la cola, suele confundirse y creer que tiembla el edificio. Comparado con el estadista, padece la desventaja de estar vivo.

Rebelde, s. El que propone un nuevo desgobierno, sin conseguir implantarlo.

Tiempo, s. El clima de una hora. Permanente tema de conversación entre personas a quienes no interesa, pero que han heredado la tendencia a charlar sobre él, de antepasados desnudos y arbóreos a quienes les interesaba vivamente. El establecimiento de oficinas meteorológicas oficiales y su persistencia en la mendacidad demuestran que aun los gobiernos pueden ser persuadidos por los rudos antepasados de la jungla.

Tierra, s. Parte de la superficie del globo, considerada como propiedad. La teoría de que la tierra es un bien sujeto a propiedad privada constituye el fundamento de la sociedad moderna, y es digna de esa sociedad. Llevada a sus consecuencias lógicas, significa que algunos tienen el derecho de impedir que otros vivan, puesto que el derecho a poseer implica el derecho a ocupar con exclusividad, y en realidad siempre que se reconoce la propiedad de la tierra se dictan leyes contra los intrusos. Se deduce que si toda la superficie del planeta es poseída por A, B y C, no habrá lugar para que nazcan D, E, F y G, o para que sobrevivan si han nacido como intrusos.

Tinta, s. Innoble compuesto de tanogalato de hierro, goma arábiga y agua, que se usa principalmente para facilitar la propagación de la idiotez y promover el crimen intelectual. Las cualidades de la tinta son peculiares y contradictorias: puede emplearse para hacer reputaciones y para deshacerlas; blanquearlas y ennegrecerlas; pero su aplicación más común y aceptada es a modo de cemento para unir las piedras en el edificio de la fama, y de agua de cal para esconder la miserable calidad del material. Hay personas, llamadas periodistas, que han inventado baños de tinta, en los que algunos pagan para entrar, y otros pagan por salir. Con frecuencia ocurre que el que ha pagado para entrar, paga el doble con tal de salir.

Tipografía, s. Pestilentes trozos de metal, sospechosos de destruir la civilización y el progreso, a pesar de su evidente papel en este diccionario incomparable.

Tregua, s. Amistad.


La imagen de cabecera es obra del desaparecido ilustrador Jean-Claude Suares, para la edición del Diccionario del Diablo de Thomas Y. Crowell (1979).

Alberto R. Aguiar Written by:

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