Juarma: “Si Gloria Fuertes tuviera Twitter la lincharían cada cinco minutos”

Somos filósofos en nuestros estados de Facebook y WhatsApp, pero unos cínicos e hijos de puta en la vida real“. Irreverentes, divertidas, irónicas y tan reales como la vida misma. Así son las viñetas del dibujante granadino Juarma.

Mi generación son un montón de subnormales comentando la televisión“. “A veces te daría mi corazón y otras una granada de mano“. “Vivimos en la imbecilidad y tenemos Internet para celebrarlo“. Juarma (Deifontes, 1981) dibuja desde hace casi 20 años. Quizá más. Lo hace por necesidad vital, no económica: si no garabatea explota. “Soy un desgracio que elabora viñetas por soltar la rabia. Es mejor hacer un chiste que estamparle un palo en la cabeza a alguien”, bromea. Sus viñetas, teñidas del mismo humor negro e ironía que coronan las frases de arriba, suyas, encierran certeras reflexiones sobre el mundo que nos ha tocado vivir en pleno siglo XXI. Un fiel retrato de esta sociedad deshumanizada donde caben parias; lirismo macarra; caras leprosas; energúmenos; edificios en llamas; pijoapartes; macarras; sombras; fríos; y desamores. Algunos salen a hacer running. Él prefiere coger un lápiz. El resultado se materializa en cómics protagonizados por personajes grotescos –como tú y como yo, no te engañes–. El tipo de tebeo que llama la atención de la editorial independiente Ultrarradio y la revista sarítica El Jueves. Entre sus referentes artísticos está Ibáñez, sus Mortadelos, Eskorbuto, los fanzines de otra gente y los tuiteros. “Todo, menos los carnavales de Cádiz y la gente famosa”, dice un amigo suyo.

Dibujo inspirado en un cuadro de Goya.

Apenas come –ni siquiera sabe por qué me ha traído a un vegetariano–; prefiere hablar, hablar, hablar y beber cerveza, bromear y fumar. Se muestra natural todo el tiempo. No finge, ni miente, creo. Parece uno de sus dibujos, tan reales como la vida misma. Hace unos meses, el artista granadino publicó su primer libro de carácter lírico. Poemas escritos a navajazos reúne una colección de versos que escribió con 21 años. “Era lo que me gustaba hacer por aquel entonces. Ahí dibujaba, pero no tanto. Cuando era un chavalillo quería ser escritor. Quería ser Shakespeare“, reconoce entre risas. En sus poemas y viñetas se cuelan, a veces de manera muy sutil, clásicos. “Son las cosas que he aprendido en la escuela y en la biblioteca de mi pueblo. Leía a Lorca, sobre todo Poeta en Nueva York, Baudelaire, Kavafis, Catulo, Fonollosa. Kavafis era el más punki, el poeta secreto, el que repartía su obra en octavillas”, explica.

Prostitutas, gitanos, adictos al crack, yonquis del amor, desgraciados, tuiteros con mala baba. Sus personajes viven a ras del suelo, no en mansiones millonarias. “¡No te vas a fijar en el hijo de un banquero! Hablo de la gente que tengo cerca. Ellos desprenden desencanto y no confían en un mañana, al igual que yo”, afirma sin despeinarse. Un mundo decadente con el eslogan punk ‘No future’ colgado en cada rostro repulsivo que retrata. “Me identificaba con eso. No quería ir de malo, simplemente percibía eso y lo reflejaba. Es lo que me salía escribir y garabatear”, reflexiona. Cuando se le pregunta en qué han cambiado sus personajes con el tiempo, el dibujante lo tiene claro. “Se toman las cosas con humor. Hace años era mucho más dramático. Sigo reflejando las mismas cosas pero he tomado un poco de distancia” señala. “Aquí hemos venido a divertirnos“, se lee al comienzo de Romance Neanderthal. Juarma tampoco se despega de su lenguaje al crear historias y viñetas. “Claro, intentas reflejar cómo eres. Cuando hablo digo subnormal, como tanta otra gente, ¿por qué no voy a ponerlo? Tampoco tengo una responsabilidad muy grande. No voy a extrapolar mi visión del mundo. Mi experiencia personal no es una verdad universal”, apunta.

Juarma puede estar de buen humor, aunque no lo parezca en sus dibujos. FOTOGRAFÍA: J.S. León

– No todo el mundo tolera tus viñetas.

– Ahora son muy suaves. Antes eran diez veces más fuertes.

– ¿Te autocensuras, entonces?

– Cada vez son más suaves. La gente te cansa. Intento evitar que me coman la cabeza. Si tengo que elegir entre dos chistes para publicar en Facebook, prefiero uno más genérico. Pongo uno que diga “quiero que te mueras” y la gente se indigna. Sin embargo si pongo “quiero que caiga un meteorito y nos reviente a todos” los usuarios no te rebaten tanto. No es autocensura, pero detesto que una persona que no me conozca de nada, o no compre mis tebeos, me juzgue porque suelte tacos en los cómics y haga chistes de humor negro.

Para Juarma, “el objetivo del humor es reflejar lo que uno ve y cómo entiende la vida”. Si se trata de meter el dedo en la llaga, el dibujante mira a otro lado. Silencio. “La gente se pone a hacer chistes del PP y no pasa nada. Todo sigue igual. ¿Es un acto inútil?, le pregunto. “Todos los actos son inútiles. Ojalá hicieras un chiste y el mundo cambiara. Yo hago chistes para soltar la rabia, para desahogarme”, vuelve a repetir. Al granadino no sólo le molesta que la gente se indigne con sus viñetas, que son “chorradas”, sino también que se queden en la primera lectura. “Antes uno se tomaba cierta distancia, se decían las cosas de un modo irónico, pero cada vez somos más tontos. Nos quedamos con la lectura literal. Ella –se dirige a su novia– prácticamente ni me escucha. No me escucha nadie”, se queja mientra sonríe de soslayo. Al rato, Juarma vuelve al tema de las redes sociales cuando le hablo de una viñeta donde aparece Gloria Fuertes. “Hace 20 años ya era rara. Había libros suyos en la biblioteca. Ella era taurina. La gente dice: “Oiii, si Gloria Fuertes hubiera tenido Twitter, lo que hubiera disfrutado”. Si Gloria Fuertes tuviera Twitter la lincharían cada cinco minutos. Peor que a Cassandra. La gente de izquierdas la lincharía: “Te gusta los toros, asesina”. Pero como está muerta ya no se puede decir nada”, recrimina. A Juarma no le gusta la falsedad y por eso sus protagonistas lo son continuamente. Es una manera de señalar las taritas de este mundo.

FOTOS: J.S León

– ¿Entiendes por nueva voz literaria un joven con miles de seguidores en las redes que luego ficha una editorial a propósito de esto?

– Reflejan un poco lo que hay. Los youtubers es un fenómeno que no entiendo para nada, pero mis sobrinos de nueve y diez años se pasan el día entero viéndolos. Cuentan cosas cercanas. Imagínate a un poeta de 80 años hablando de algo y colgándolo en Youtube. No lo ve nadie. ¿Qué le va a contar un anciano a un adolescente de 15 años? Escogen cosas cercanas con las que se sienten identificados.

– Pablo del Águila escribió a una edad muy temprana y no se parecía a ninguno de ellos…

– La gente consagrada, que son la alta cultura, no quiere que nadie hable diferente a ellos. Pero luego la gente no los lee, no le interesa porque cuentan cosas que no te van. Es como la música. Si te escuchas un cantautor de los 70, a Lluís Llach por ejemplo, no entiendes lo que te está diciendo. Te pones a Yung Beef y PXXR GVNG. Es una puta mierda, pero por lo menos me identifico con ellos. Me siento trapero (ríe). Me llama la atención porque reflejan cómo es la vida de la gente joven. Me paseo por mi pueblo y veo a la gente con las gorras, escuchando eso.

– Trapeando.

– Ya no es rapeando, es trapeando, claro (ríe más fuerte). Las voces consagradas no lo aguantan porque se preguntan qué coño harán esta gente para atraer a tanto público joven.

– ¿Algo de calidad?

La calidad es muy relativa. ¿Qué es la calidad? A Jorge Manrique o a Bécquer cuando empezaron los cuestionarían. ¿Y el tonto polla el Bécquer éste que se cree que porque es guapaete y tiene barba nos puede decir cómo tenemos que hacer las cosas? El de Moby Dick la publicó y no la leyó ni la virgen. Fue al morirse que lo descubrieron. Como a Vincent van Gogh. Las voces consagradas están muy bien consagradas para lo suyo. Qué es la poesía. Te llega un chaval de 15 años con millones de seguidores en Twitter que dice algo cercano y llega otro y la gente dice qué me cuentas. ¿Le das un libro de Luis García Montero a mi sobrino de 10 años? Pasa una página y lo va a quemar. ‘¿De qué siglo es esto?’, se pregunta. El rollo millenial no son voces consagradas. ¿Qué son las voces consagradas? Un abuelo diciéndote que no cruces por ahí.

– Tú eres lo contrario: cruzas sin mirar.

– Yo también soy viejo. Yo que sé… Que cada uno haga lo quiera.

– ¿Libertad para lo mío, no? [frase de Juarma] Podría ser el eslogan de cualquier político hoy día.

– Lo tendría que haber registrado. A veces me la roban. A Ciudadanos le quedaría bien el lema. Al PSOE quizá también… No, en realidad no. Jajajaja.

Isabel Vargas Escrito por:

2 comentarios

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