Cómo de machistas podemos ser: del graffiti al ciberacoso

Varias pintadas han tapado en Valencia casi 20 murales que representaban en sus dibujos ideas de artistas, escritoras y activistas feministas. Sólo ha sobrevivido Frida Kahlo, con un tatuaje en la frente: ‘Stop feminazis’. ¿Y qué pasa si una mujer lo denuncia en Twitter? Que aparece el machismo, el ciberacoso, la apología a la violencia de género y su cuenta suspendida.

El feminismo molesta. En la avenida Menéndez Pidal ya ni siquiera pueden intuirse los veintitantos murales que mostraban un poco de cultura feminista a todos los que salían y entraban al metro de Túria. No expreséis vuestra mierda, mujeres; “los muros son para los escritores”.

Hace unos días, Olga, cualquier chica de la ciudad, publicó un tuit con cuatro fotos de los murales: “He llorado de la rabia. Valencia, parada de metro Túria. Han destrozado TODOS los murales sobre artistas, activistas y escritoras feministas”.

Eres una mujer; o no –desconocemos a los autores/as de las obras–. Pero si defiendes su empoderamiento no dibujes, no te expreses, no luches y no opines. Los muros son para ellos, siempre lo han sido, y a ti quién te ha dado permiso. Vete con tu feminismo a otra parte. No te atrevas a reivindicar, a quejarte ni a hacer arte, porque todo el mundo podrá decirte lo que eres: una loca, una puta, una subnormal, una feminazi.

Con casi 5.000 retuits y más de 3.600 me gusta, ojalá pudiéramos hablar de que el feminismo se respalda; que el machismo es un hecho aislado y puntual en la sociedad. Pero no: los muros son para los escritores. No escribas; ni siquiera en la red. Defender el feminismo tiene consecuencias y en 140 caracteres cabe mucho odio.

Que el acoso y los insultos campan a sus anchas en esta red social no es nada nuevo y que se linche a cualquier mujer que se vea con el derecho de abrir la boca es cultura general. Las agresiones se respaldan en la libertad de expresión, los comentarios machistas en una pluralidad de opiniones y no pasa nada. La Guardia Civil no dará para más con tanto chiste sobre Carrero Blanco, el rey y la operación Araña.

El hilo del tuit era un retrato dantesco del machismo sin límites. Usuarios que celebraban el destrozo, que se partían de risa, que volvían a reclamar sus muros, que pedían un Nobel de la Paz –ojo– para el hombre que lo hizo. La palabra puta como descalificativo una y otra vez. Estúpidas, pesadas, subnormales, bolas de grasa, ridículas, feminazis. “Estoy practicando cómo te voy a violar”.

Juarma nos lo dijo hace poco: vivimos en la imbecilidad y tenemos Internet para celebrarlo. Amén.

Hemos borrado el nombre de usuario de Olga de los tuits para no exponerla a más insultos.

El pasado mes de febrero, Twitter anunció que tomaría medidas contra el acoso en su plataforma, pero no está acertando demasiado. Hemos comprobado cuántos usuarios han sido penalizados dentro de este hilo de tuits y, hasta la publicación del artículo, todas siguen activas. Sólo hemos encontrado dos cuentas suspendidas: la que hacía alusión a la violación y la de Olga.

“Como usuaria sólo puedo bloquear y denunciar los perfiles [que atacan] e intentar que no me afecte personalmente. Pero es duro, sientes impotencia. Me han suspendido la cuenta porque me han denunciado en masa. No todo vale, el machismo nunca será libertad de expresión, es violencia”, sentencia la chica.

“Pero la rabia [que tienen] no es contra mi persona, es porque ahora mismo estoy representando a la mujer que no quieren: la que habla, la que dice no y la que no es sumisa. No es contra mí, es contra el feminismo. Les ofende porque poco a poco somos más mujeres las que vamos abriendo los ojos y tomando voz propia. Y los murales que había eran una clara muestra de ello. De nuestra emancipación”.

Olga no titubea al contestar por qué el feminismo es necesario: “Nos siguen matando, violando, acosando, menospreciando… y la gente lo ve normal. No podemos acostumbrarnos a todo esto. He pedido a Twitter que me devuelva mi cuenta porque no he hecho nada malo”.

Sí, le quitaron la cuenta. A ella. Según explica en su Instagram, al recuperar el usuario, la red social le explicó que la suspensión se fundamentaba en el “contenido pornográfico” de su foto de perfil. Una instantánea que la muestra luciendo un top rosa donde, si te fijas mucho, se intuye el pezón. “Ah y sí, lo de mi brazo derecho son estrías, porque además de tener pezones también tengo estrías. Cosas pornográficas”, concluye, con ironía.

Exigir tus derechos es una lucha diaria, constante; deconstruir actitudes heteropatriarcales no es fácil. Tampoco para las mujeres. Y, quizás, sólo quizás, que personajes públicos como Paula Echevarría prediquen a los cuatro vientos que “no hay que ser machista, ni feminista” nos hace un flaco favor.

Que la española con más followers de Instagram diga que “hay que ser persona porque los extremos no son buenos” sólo perpetúa la idea de que el feminismo es lo contrario del machismo. Y no: el feminismo es un movimiento que lucha porque las mujeres tengan los mismo derechos los hombres. El feminismo no es lo contrario al machismo. 

Beatriz Rojo Written by:

One Comment

  1. […] Son tres chicas. Veinteañeras. Hablan por un grupo de Telegram y de repente se dan cuenta de que tienen mil cosas en común: mil historias de acoso por la calle. Mil momentos en los que se sintieron totalmente desprotegidas frente a depravados que se creían con derecho a acosarlas por el simple hecho de ser mujeres jóvenes andando solas por la calle. Mil malditas veces en las que sintieron miedo. Y lo peor es que está totalmente normalizado. […]

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