Verde cannábico contra rojo prohibicionista: la batalla por que la marihuana sea legal

Cerca del 10% de los españoles consumen cannabis y el futuro de su posible regulación no está muy claro. Radiografía de la situación de esta droga, cada vez más normalizada, desde principios del siglo XX hasta hoy.

Alcohol y tabaco son las drogas favoritas de los europeos por antonomasia. Solo en España, las consumen el 78% y el 40%, respectivamente. Su legalidad y su familiarización en nuestros hábitos de vida la hacen casi imprescindible en cualquier grupo de amigos. El podio lo completa la amiga verde que no es alienígena: la marihuana, que según el Informe Europeo sobre Drogas alcanza casi el 10%.

España supera la media de la Unión Europea, que es del 6,6%. Además, un 24,8% de las personas (83 millones) la han consumido alguna vez. Junto a Francia e Inglaterra son los países que más consumidores alberga.

Historia de la maría

España y el cannabis no siempre fueron grandes amigos. Isidro Marín es autor de varios trabajos sobre la marihuana, entre los que se encuentra la Historia general del cannabis y su tesis El movimiento cannábico en España (1991 – 2007). Antes de la llegada de la República, su consumo recreativo era “escaso y marginal” y no existía unas leyes que regularan su consumo, aunque sí que se podía encontrar en forma de genéricos en algunas farmacias.

La Ley de Vagos y Maleantes aprobada por la II República en la que se persigue el consumo de drogas –aunque sin consideración especial al cannabis− sirvió de base al franquismo para legislar contra la venta de grifa, como en esa época se denominaba a la yerba.

La cercanía y el tradicional dominio español sobre Marruecos extendió el hachís a aquellas ciudades con puertos cercanos a país africano. Además, entre los sesenta y setenta su consumo también se relacionó con una tradición “contracultural y políticamente rebelde”, alimentándose de aquellos sectores “de jóvenes adultos” y su “oposición a la dictadura y sus dictados morales”, escribe Marín.

Esta insumisión al régimen fascista se tradujo en nuevas leyes que perseguían su consumo, como la Ley de de Peligrosidad Social y Rehabilitación Social, que perseguía a los individuos solo por ser drogadictos. Aún así, el cannabis queda oficialmente prohibido en España cuando esta se une a los tratados internacionales, todavía bajo el franquismo.

Isidro Marín divide la historia cannábica en España en cuatro, desde la Transición: la época preasociacionista, justo después del fin de la dictadura; la asociacionista surgida tras la Ley Corcuera (a partir de 1992), los últimos intentos del PP de erradicarla a partir de prohibir a los grupos activistas y a las publicaciones como Cáñamo o Cogollo; y las primeras aperturas, tras la victoria de Zapatero, de debatir su posible regulación.

Primeros debates de regulación

A pesar de que se intensificó los debates sobre su posible regulación a partir de la vuelva del PSOE al gobierno, durante el mandato Felipe González también hubo algunos partidarios de abrir un debate muy candente en aquella época debido a la enorme proliferación de la heroína. Carlos López Riaño fue uno de ellos. Se ganó la reprobación del Comité Federal del PSOE por oponerse a la entrada en la OTAN y en 1994 sustituyó a Baltasar Garzón como delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. “Me tocó ampliar el concepto del debate y la lucha contra las drogas desde un punto de vista no solo judicial, sino sobre todo social”, asegura a Remontando el eterno socialista díscolo que, si se siente orgulloso de algo en su vida, es de que cuando llegó a la delegación “la droga era según el CIS la primera o segunda preocupación de los españoles y hoy ni siquiera aparece”.

López Riaño comenta que una vez la reina Sofía se dirigió a él preguntándole los motivos por los que abogaba por la despenalización. “Es un tema eminentemente cultural”, le respondió el delegado, que cree que “si empezamos por las drogas legales, ninguna es más perjudicial que el tabaco y el alcohol”. Con todo, el cannabis continuó estando perseguido y estigmatizado.

Avances legislativos

“La sociedad probablemente no estuviera preparada. Veníamos de años muy duros de la heroína, que se llevó la vida de muchos jóvenes”. Quien justifica el primer fracaso en la regularización cannábica es Ramón Morcillo, actual presidente del partido político Representación Cannábica Navarra, que asegura que ahora “la sociedad ha avanzado mucho y va por delante del gobierno”. Su partido nació en 2006 “como respuesta a la necesidad de dar un impulso a nivel político de la regulación y el cambio de normativa”, explica Morcillo.

Su primer gol lo metieron en 2014, cuando lograron que se aprobara la regulación de los clubes sociales de cannabis y se reconociera jurídicamente a estas. A pesar de que el Gobierno navarro la aprobó, el Tribunal Constitucional la suspendió cautelarmente ya que no impide que los socios de estos clubes retiran la sustancia para su uso personal y acabe en manos “de terceras personas que la adquieran y la circulen de manera ilegal”.

Lo mismo ocurrió en Euskadi al año siguiente, cuando todos los grupos excepto PP apoyaron la regularización del cannabis y el Gobierno central impugnó la norma porque invadía las competencias del Estado.

Pero ahora el Partido Popular no cuenta con la mayoría de antaño. Y en el Congreso parece estar solo. Los partidos emergentes llevaron en su programa electoral medidas para regular su consumo, el PSOE se mostró también abierto a debatirlo y el Partido Nacionalista Vasco y Esquerra Republicana de Catalunya ya abogaron en sus respectivas comunidades por ello.

Javier Puig es el presidente de la Federación de Asociaciones Cannábicas (FAC), una suerte de confederación que surgió debido a la vasta proliferación de asociaciones que necesitaban juntarse. Asegura que de las cuatro Proposiciones No de Ley (PNL) que se presentaron el año pasado por parte de ERC, C’s, Podemos y PSOE, la que ve con peores ojos es la de la formación naranja porque “no da al asunto un enfoque integral”.

A pesar de que el PP es el principal obstáculo en la legalización, hay un pequeño halo de luz dentro del partido: Eduardo van den Eynde, portavoz de la formación en el Parlamento de Cantabria, publicaba en su muro de Facebook una carta en la que defendía la legalización del cannabis para uso terapéutico. El parlamentario, que padece cáncer y se está tratando con quimioterapia, aseguró que la prohibición es “acientífica e incomprensible”. De hecho, el popular también califica de “absurda” también la restricción de uso recreativo.

Paco Mascaraque formó el Grupo de Acción para la Legalización del Cannabis y dirige actualmente la publicación Infocannabis.org. Ve negativa la dicotomía entre cannabis medicinal y recreativo porque en España el primero es “legal solo para GW Pharmaceuticals que vende el Sativex”, un espray que contiene componentes canabinoides como el THC. “Tenemos que luchar para su legalización para cualquier uso”, asegura.

¿Por qué legalizar el cannabis?

“El consumo de cannabis es un hecho histórico, ponerse una venda en los ojos no sirve de nada”, alude el presidente de FAC, que ve esencial regular porque es “controlar, garantizar, hablar de calidades, de programas de intervención a nivel de prevención de riesgos…”.

Ramón Morcillo, de Representación Cannábica, cree indispensable “poner un poco de sentido en este vacío legal que tanto daño acusa a los clubes sociales de cannabis”. “No tiene sentido la política prohibicionista. El número de consumidores se mantiene estable, y ahora se demuestra una tendencia a la baja que coincide con el alza de los clubes”, expone.

Mascaraque cree que mientras el cannabis sea ilegal el camello las venderá junto a otras drogas más peligrosas, y eso ocasiona un problema mayor que la propia legalización. “Si estuviera regulado y apartado del resto de las drogas y hubiese locales aptos para mayores donde poder adquirirla…”, afirma.

Isidro Marín acude a dos dichos populares: “En mi cuerpo mando yo” y “no hagas con otro lo que no quieres que te hagan a ti”. “Que se legalice a nivel general quizá sea menos importante. El tema es que les dejen estar con otra gente con sus mismos gustos y les dejen en paz. No le hacen daño a otras personas”, esboza el sociólogo.

Un futuro verde

Los entrevistados tienen ideas totalmente contrarias en cuanto al futuro legal del cannabis.  El presidente de Representación Cannábica cree que “2017 puede ser un año importante y el  2018, el de la primera regulación”. Aunque matiza que quizá no sea el de la regulación final pero sí el de su inicio, apuesta que será en 2020 cuando España tenga “una ley integral del cannabis”.

Menos optimistas son Mascaraque y Marín. El primero recuerda que hace 18 años, cuando montó su primera asociación, ya pensó que “en un par de años seríamos legales”. Recuerda cuando el PSOE decía sí a la regulación en la oposición y luego no hizo nada. “En principio no le veo mucho futuro a esto”, esgrime. “Cuando era joven parecía como que se fuera a legalizar, como si uno fuera a comprarlo a cualquier establecimiento”, retrotrae este sociólogo, que ya no ve ese futuro.

Borja Díez Written by:

Periodista de barrio. De Huelingrado al fin del mundo. Como diría Eduardo Mendoza, periodista de muchas hojas, poco tronco y ninguna raíz. Soy más de Solón que de César Augusto. Poser de Heráclito.

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