BoJack Horseman, el antihéroe milenial

Horseman afronta su vida con incertidumbre, como nosotros. Por eso nos identificamos con una de las comedias más depresivas en lo que va de década. Ahí van algunas razones.

“It’s not about being happy, that’s the thing. I’m just trying to get throught each day, I can’t keep asking myself ‘Am I happy?’”. BoJack Horseman trata de eso, de no poder ser feliz aun cuando todo lo que nos rodea parece estar predispuesto para hacer del optimismo nuestro deber. Esta cita no es del protagonista, el conocido caballo de Netflix, sino de Diane, otro de los muchos pilares que han hecho este complejo universo de reflexiones existenciales, de ética y moral ambigua, una de las series de animación más aclamadas de los últimos años.

¿Quién es BoJack? ¿Por qué te recomendamos una serie que parece decirte a la cara que no hay nada que puedas hacer para evitar un sentimiento de frustración e infelicidad aplastante, continuado y que aparece de forma inesperada? Porque Bojack somos nosotros: nuestras ambiciones, nuestras discretas alegrías y nuestro regodeo en el fracaso. Porque nos sentimos sumidos en el mismo desconcierto que él.

Una breve reseña. En BoJack Horseman nos encontramos un mundo de personas y animales antropomorfos que viven en el escaparate de Hollywood y cuyo eje central gira en torno a un caballo deprimido, la cara oculta de la industria del cine. ¿La razón? La vida de BoJack, que en los 90 fue el protagonista de una exitosa sitcom familiar, ha quedado reducida a la ‘nada’ a consecuencia sus excesos con el alcohol y las drogas y una turbulenta vida personal.

Pero ¿qué quiere decirnos la serie con la ‘nada’? Que ahora está obligado a vivir una vida alejada de los focos y el protagonismo; normal y corriente, como la que vivimos todos. Una vida que rechaza y contra la que lucha continuamente. Y con esta base, que ya se presenta como primera crítica a las aspiraciones derrotistas de la cultura occidental y milenial, te explicamos las razones por las que el mundo de BoJack es, en cierta manera, el nuestro.

PORQUE RETRATA NUESTRA FORMA DE AFRONTAR LA REALIDAD

En una entrevista con Vice, el creador de la serie, Raphael Bob-Waksberg, explica que nunca ideó el guion con el objetivo de indagar en las conductas depresivas de BoJack o del resto de personajes. Quería, por el contrario, crear un personaje “realista”, “quizá un poco arquetípico”, pero “ creyendo en él”, siendo “honesto y respetuoso” con el mismo.

¿Qué es lo que hace de BoJack un personaje “honesto”? Todas sus imperfecciones. Si cae en su renovado camino al estrellato no se vuelve a levantar. Se vuelve cínico con su entorno, se emborracha y se droga para evadirse de esa realidad tan común que no soporta; intenta acabar con todo por su propia desesperación, hasta el punto de forzar el odio en aquellos que sí ven en él un halo de esperanza.

De esta forma, BoJack nos está diciendo que los tropiezos en la vida no se solucionan con optimismo, reflexión y la búsqueda de nuevos caminos. Nos dice, literalmente, que cada hostia que sufrimos duele tanto que a veces no vale la pena volver a intentarlo. La serie retrata el mundo posmoderno tal cual es, y sin embargo, no necesita envolverse en un cinismo absoluto para rellenar metraje con el discurso vacío propio de las tazas de Mr. Wonderful.

PORQUE NORMALIZA TABÚES EN LOS QUE NOS RECONOCEMOS

La conducta autodestructiva de BoJack, el descontrol con el alcohol y drogas, la pérdida de significado del sexo y los sentimientos, y otras muchas cuestiones de este tipo quedan normalizadas en la serie precisamente mediante esta crítica posmoderna al posmodernismo. Y lo hace sin banalizarlos. Ahí está el punto de inflexión de la brecha generacional: conceptos entendidos como propios que en tiempos pasados no existirían sin reproche o censura.

Pero el mundo de BoJack no se queda ahí, y también airea otras situaciones que se abren paso en el desarrollo de sus protagonistas. Se habla sin tapujos de la sexualidad, del aborto, de las relaciones abiertas y poliamorosas, y todo hilado con los clichés románticos del género, como pueden ser el amor no correspondido, o el matrimonio fracasado y ahogado en la rutina; problemas que hoy día persisten en nuestros contemporáneos pero que los milenials no tenemos por qué estar dispuestos a soportar.

La serie además no sitúa estas circunstancias como elementos externos a los personajes. Los enfrenta a esos tabúes, y experimenta con ellos para mostrar todas sus posibles reacciones. Aquí es donde brilla el carácter psicológico de la serie, porque a menudo se encuentran respuestas naturales, pero también artificiales, frente a la realidad de sus pensamientos. Con esta fórmula logran recrear a la perfección el complejo mundo de interacciones e inferencias sociales en el que todos convivimos: una oda a la ambigüedad de lo cotidiano.

PORQUE NOS EMPUJA A LA INCERTIDUMBRE

“Las cosas se han vuelto más locas”. “El mundo es oscuro, y da miedo”. Dos de las frases de la cuarta temporada sintetizan uno de los grandes méritos de la serie: su perspectiva emocional. No pretende que empaticemos con los personajes por los problemas que afrontan, sino por su forma de afrontarlos. Da igual que el contratiempo no tenga importancia; si el personaje acaba en la mierda, tú vas a reaccionar igual.

Los milenials vivimos entre lo viejo y lo nuevo, somos un eslabón más en la cadena de la sociedad. La ausencia de certezas es signo de nuestro tiempo. Nos enfrentamos a un mundo lleno de incertidumbres, a una sociedad en la que creemos que no terminamos de encajar. Igual que BoJack y los suyos.

El caballo protagonista es un ser tan cerrado emocionalmente que todas sus reacciones, si bien tienden a la frustración y la resignación, se suceden de forma inesperada y casi arbitraria. Y no solo eso: sus movimientos siempre tienen varias lecturas. Parece que la serie no quiere que entendamos completamente a BoJack sólo para que no encontremos la razón por la que el animal no logra ser feliz y salvarle. Porque quizá es imposible salvarle. Dicho de otro modo, ¿podremos salvarnos nosotros?

PORQUE EL CONTEXTO DE BOJACK ES EL NUESTRO

Sí, más allá de un mundo raro, de miedo y de incertidumbre y dudas, el contexto de BoJack en sus términos sociopolíticos o es similar, o es idéntico al nuestro. La serie ahonda en las preocupaciones medias desde una óptica progresista y crítica. No, no tenemos un Donald Trump, pero sí emerge la figura del populismo político, los problemas que genera la gentrificación, el ecologismo, la lucha contra el cambio climático, los derechos laborales, el feminismo, la perpetuación del heteropatriarcado y su consecuencia machista, entre los muchos elementos que se abordan a lo largo de las cuatro temporadas de la serie.

La economía colaborativa, la comprometida situación de nuestros mares, el emprendimiento juvenil, el problema de las identidades nacionales, el terrorismo y otras muchas cuestiones fruto de la globalización se tocan en la trama de la serie, al igual que las dudas o problemas personales de carácter existencial como son las enfermedades o la misma muerte. Vivimos en el mismo mundo de BoJack, y, frente a nuestras constantes evasivas para encararlo, disfrutamos de una crítica ácida y mordaz a la altura de las series de animación de nuestro tiempo (ey, Rick y Morty). Son, en definitiva, desafíos del presente a los que nuestra generación mira de frente.

POR SUS CONSTANTES REFERENCIAS A LA CULTURA POPULAR

El tratamiento de los códigos éticos y morales que presentan los protagonistas de BoJack Horseman no sólo se observan en su forma de ser y de interactuar. La serie recurre constantemente a referencias culturales para reforzar la caracterización de los mismos. Aquí cobra un valor especial el arte, con la caricaturización de obras que van desde Manet y Picasso a Frank Shepard y Andy Warhol, utilizadas como sutiles metáforas para dar un fondo más amplio a los numerosos conflictos existenciales que afrontan los personajes (puedes leer más sobre esto en Cultura Colectiva).

También son constantes los cameos de actores conocidos de Hollywood, y precisamente por ser una serie que critica la falta de escrúpulos de la industria cinematográfica, juega a dos bandas. Es decir, los famosos, en general, se suelen interpretar a sí mismos. Sin embargo, aquellos artistas que no lo hacen y que declinan participar en la ficción se reconocen en unos personajes, en unos alteregos, que a menudo están escritos con mala uva.

Las referencias alcanzan a varios elementos consustanciales de la cultura popular, como son los videojuegos (sketches que recordarán al clásico Frog), o al cine, con un capítulo que puede calificarse como una de las mejores obras de animación de los últimos años haciendo un evidente homenaje al filme de Coppola. En este sentido, los guiños son amplios, extensos, elevados pero también populares, por lo que la serie se recrea sin caer en la pedantería. Hace gala de un trasfondo y una humildad sinceras por parte de sus creadores y productores.

POR OTRAS MUCHAS RAZONES

Hemos descrito las que consideramos son las razones más importantes por las que esta serie es importante para un público concreto: nuestra generación. Sin embargo, la obra cuenta con otros tantos méritos. Podríamos extendernos más hablando de su banda sonora, que se mueve entre versiones de clásicos e interpretaciones de Grouplove o Patrick Carney, el batería de The Black Keys. Las canciones elegidas casan a la perfección con las circunstancias trágicas que rodean muchas escenas, y esa canción de créditos con ese “Back in the 90s I was in a very famous TV show” puede resultar irónica en muchos casos.

Precisamente esa canción, en la que el protagonista se pregunta si es más “caballo o más un hombre”, o “más un hombre que un caballo” da pie a una cuestión tan implícita como interesante en la serie: llegados a un punto argumentativo, uno es incapaz de distinguir a humanos de seres antropomorfos, más allá de los sketches de humor que hilan una escena con otra. Esa es una de las grandes habilidades de esta obra, ser capaz de construir tropos de personaje muy complejos a pesar de que de un primer vistazo (superficial) uno quizá no se vea capaz de tomarlos en serio.

La animación, el juego entre el dibujado y algunos fondos con imágenes reales, o en definitiva el mundo “oscuro y tenebroso” que crea, con también hálitos, tanto de esperanza como de resignación, hace de esta serie una ficción en la que tú, milénico, entre aguacate y aguacate, te sentirás identificado. Y para aquellos que ya han visto o ven BoJack Horseman y han llegado hasta aquí, les dejamos una de nuestras escenas preferidas de la serie. A los que no hayan terminado la tercera temporada, ¡cuidado, spoilers!

Por Shanti Andia y Alberto R. Aguiar.

Shanti Andia Written by:

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