Cuatro claves sobre la precariedad de los becarios en empresas

Que los becarios sustituyan a trabajadores en los medios de comunicación es algo habitual. Ahí van datos que demuestran esta situación en el periodismo, pero también en otros campos laborales, y que no ayuda a nuestra remontada.

Jornadas interminables, cargas laborales, falta de expectativas… La situación dada en las prácticas profesionales dista de la dibujada tanto por las propias entidades privadas como por las universidades. En una columna publicada el pasado jueves, el director del periódico malagueño Diario SUR, Manuel Castillo, se preguntaba cómo los becarios habían llegado a la conclusión de que hacen un favor a las empresas -en este caso los medios de comunicación-. Más allá de opiniones, valoraciones o sentires -que plasmamos aquí matizando las palabras de Castillo- existen datos empíricos que corroboran esta afirmación e incluso muestran prácticas ilegales.

Partiendo de esta premisa, recogemos algunos números llamativos extraídos de diversas investigaciones académicas y estudios, con especial atención a Condiciones de las prácticas profesionales en medios de comunicación: un estudio empírico, firmada por el catedrático Pedro Farias, el profesor de Profesión Periodística de la Universidad de Málaga Sergio Roses, y el investigador predoctoral Manuel García-Borrego -cuya metodología y muestra puede consultarse aquí-. Y, aunque nos centremos en un estudio enfocado en Málaga y no sea posible generalizar los resultados al conjunto de becarios españoles, existen otros estudios con resultados similares en distintas regiones geográficas, a pesar de no ser un campo recurrente en la investigación. Asimismo, la situación de este fenómeno en otros gremios no dista demasiado de este panorama descrito a continuación: difícil acceso a las prácticas, jornadas interminables, ahorro de costes de personal a costa de becarios, escasa remuneración y poca o nula recompensa laboral tras este periodo.

  1. Los becarios asumen horarios que exceden su contrato en prácticas

La normativa de prácticas externas de la Universidad de Málaga (UMA) establece que, en lo que atañen a los horarios, “se tendrá como preferencia una duración no superior a cinco horas diarias de prácticas o un cómputo global de 100 horas al mes”. Sin embargo, muchos trabajan más tiempo del estipulado, llegando incluso a mentir en inspecciones de trabajo por miedo a represalias.

Desgranando los datos aportados en la investigación de Farias, Roses y García-Borrego, encontramos que la mayoría de los estudiantes -un 57,6 por ciento- realizaba jornadas partidas -esto es, acudía a la redacción tanto por la mañana como por la tarde-. Atendiendo al número de horas que los becarios dedicaban en las prácticas, el estudio extrae una media de 6,61 horas de jornada, más de una hora y media diaria por encima del estándar fijado por la UMA de cinco horas: “un 85 por ciento de los estudiantes afirmaba superar el horario establecido en el convenio” de esta institución. Además, el 30,3 por ciento de los becarios “reconocía que prolongaba su jornada más del horario establecido todos o casi todos los días, y el 42,4 por ciento lo hacía varias veces a la semana”.

Gráfico extraído de ‘Condiciones de las prácticas profesionales en medios de comunicación: un estudio empírico’ (Farias, Roses y García-Borrego, 2017).

Vemos, pues, que en estos casos la prolongación de las jornadas laborales que realizan los becarios más allá de la dedicación establecida en la normativa es una constante, siendo frecuente horarios de 6, 7 y 8 horas. La esperanza de una nómina lleva a muchos becarios a soportar condiciones indefendibles a pesar de que, según el estudio de los académicos malagueños, un 60,6 por ciento no comprende que su medio exija que se alarguen las jornadas “para poder sacar adelante la empresa” -frente al 27,3 por ciento que discrepa con esta idea-. Asimismo, es reseñable que un 81,8 por ciento de los estudiantes “considera ilegítimo estirar el horario de las prácticas”.

  1. Los becarios acaban sustituyendo a redactores y ejerciendo sus tareas

En 2010, año en el que el Informe Anual de la Profesión Periodística -editado por la Asociación de Prensa de Madrid, APM- estudió el fenómeno de las prácticas por última vez -hasta que en 2015 volvió a añadir algunos datos a este respecto-, el 35,1 por ciento de los periodistas encuestados consideraba “como uno de los principales problemas de la profesión que los becarios acabaran sustituyendo a los redactores y ejerciendo sus tareas“. Una praxis que se sigue manteniendo desde hace más de una década si consultamos otros artículos como El mercado de las prácticas (Udías, 2006): sustituyen la fuerza de trabajo de las personas contratadas que están de vacaciones, de los que han sido despedidos o de los que se encuentran de baja. Además, decenas de ellos asumen responsabilidades que no son su competencia como hacerse cargo del medio en ausencia de otros trabajadores en fines de semana o festivos.

Atendiendo a los datos de Farias, Roses y García-Borrego sobre las piezas informativas elaboradas diariamente por estudiantes becados en relación proporcional a las horas de dedicación estipuladas -cinco en el caso de los becarios; ocho, en el de los trabajadores- se observa “que los estudiantes que elaboran tres o más piezas a día (un 53 por ciento en dicho estudio), están sometidos -proporcionalmente a su dedicación- a la misma carga de trabajo que un periodista de plantilla“.

A ello se une la imprescindible presencia de un tutor, figura que en muchos de los casos inexistente: si nos fijamos, ya fuera de la UMA, en los datos del Informe Anual de la Profesión Periodística de 2016, 4 de cada 10 becarios -el 40,7 por ciento- no contaba con esta guía durante su periodo de beca, algo que constituye una irregularidad. Por ejemplo, en el caso de la Universidad de Málaga, el convenio de cooperación educativa entre esta institución y la empresa para la realización de prácticas externas de estudiantes universitarios, estipula que las empresas están obligadas a “nombrar un tutor de prácticas, que deberá ser un profesional de la plantilla” y que designará “las funciones a realizar por los estudiantes en prácticas durante el desarrollo de las mismas”.

El contenido de las prácticas, pues, se aleja de la función formativa que ha de caracterizarlas según los investigadores malagueños: “este desempeño semiprofesional de las tareas del periodista se refleja en el hecho de que más de la mitad de los estudiantes ya ha obtenido el número de créditos necesarios para terminar la carrera pero sigue ligado a ella mediante las prácticas, y que uno de cada cuatro reconozca que se matricula en créditos optativos para continuar con la matrícula abierta”. Una visión que compartía en 2006 Clarisse Udías en El mercado de las prácticas:

En esta carrera de fondo, que la mayoría de los profesionales ha vivido, el mayor beneficiario es el ahorro en costes de personal. Ante la abundancia de jóvenes diplomados, las empresas no sólo elevan los criterios de selección, sino implantan la explotación laboral. Los empresarios sin escrúpulos convierten la práctica en un trabajo no remunerado exigiendo a los estudiantes, que llegan a configurar secciones enteras de ciertas empresas, las mismas obligaciones que a sus redactores en plantilla

  1. Sin miedo a salir de casa, pero con límites económicos

Los becarios -dentro y fuera del ámbito del Periodismo- están dispuestos a coger las maletas y salir de casa, a seguir formándose y especializándose. De nuevo desde una escala más amplia que la UMA, los datos recogidos en El muro invisible (Politikon, 2017), “entre 2008 y 2012 se habían producido 225.000 salidas de españoles al exterior”. Una nueva emigración que tiene como protagonistas a jóvenes y universitarios: el 65 por ciento de los emigrantes de larga duración tiene menos de 35 años. Asimismo, “de los universitarios españoles que complementaron su formación en plena crisis, un 8 por ciento reside en el extranjero cuatro años después. El doble, un 16 por ciento, ha vivido fuera de España en algún momento después de acabar su carrera”.

Y, aunque la movilidad está bien siempre que sea una opción y no una obligación para salir adelante tanto en el periodismo como en otros sectores, a la mayoría de los migrantes les empujó la búsqueda de trabajo, según se resalta en el trabajo de Politikon:

El factor crucial para muchos es la situación laboral […]. La migración de los jóvenes españoles es síntoma de muchas cosas: de la crisis, pero también del fallido mercado laboral. […]. Lo malo es tener que marcharse por no encontrar otra alternativa en España

No obstante, como recogíamos ayer, hay quien no puede permitirse la movilidad principalmente por motivos económicos, lo cual nos lleva a otro punto interesante: la remuneración de las prácticas profesionales. Por ejemplo, un 48,1 por ciento de los encuestados en el Informe Anual de la Profesión Periodística de 2016 no percibió ninguna remuneración por su trabajo. En el caso de los becarios malagueños, la mayoría de aquéllos que percibían una cuantía de ayuda simbólica recibía entre 301 y 400 euros netos cada mes por sus prácticas (Farias, Roses y García-Borrego,2017).

En lo que respecta a la formación y especialización del becario, según los datos generales de la APM en 2016, el 84 por ciento de los encuestados continúan formándose en distintas especialidades mientras buscan la primera oportunidad laboral: un 37,9 por ciento sigue cursos de posgrado; un 20,7 por ciento hace cursos de idiomas y el 44,8 por ciento realiza otro tipo de cursos.

  1. Satisfechos al margen de los abusos

A pesar de las horas de más, la carga laboral, la falta de tutores o la desmotivación en algunos casos que provoca las escasas oportunidades de conseguir el primer empleo, el grado de satisfacción con las prácticas realizadas es positivo. En este sentido, la puntuación media de satisfacción recogida en la investigación de Farias, Roses y García-Borrego fue de 7’64 en una escala de 11 puntos:

Gráfico extraído de ‘Condiciones de las prácticas profesionales en medios de comunicación: un estudio empírico’ (Farias, Roses y García, 2017).

No así tanto si son preguntados por su satisfacción en relación con las condiciones en las que se desarrollan las prácticas: “aunque únicamente un 30 por ciento del total de estudiantes otorgaba un suspenso a su situación, la satisfacción promedia cae más de dos puntos hasta el 5,33 por ciento”.

Gráfico extraído de ‘Condiciones de las prácticas profesionales en medios de comunicación: un estudio empírico’ (Farias, Roses y García, 2017)

¿Por qué a pesar de este abuso un becario califica como “positiva”, en líneas generales, su valoración de las prácticas? El estudio de Farias, Roses y García-Borrego da algunas de las razones: las prácticas en empresas son una vía para acceder al mercado de trabajo -de hecho los estudiantes consideran que una buena estima por parte de la redacción “puede conducir, en el futuro, a la oferta de un puesto de trabajo“-, con el ejercicio de la profesión los estudiantes “ven saciada su necesidad de ejercitar la praxis, una parcela que se ha demostrado insuficientemente atendida durante la carrera”; y, por otro lado, los becarios se sienten “motivados” cuando asumen responsabilidades, carga de trabajo u horarios correspondientes a un profesional a pesar de saber que no les corresponden ese puesto.

Una realidad plasmada en datos empíricos que se da en cualquier sector -a los cuales deterioran altamente- y desde hace más de una década, como demuestran los datos del Informe Anual de la Profesión Periodística de 2004 cuando uno de cada cinco periodistas “consideraba como uno de los principales problemas de la profesión el fenómeno por el cual cada vez más becarios o estudiantes en prácticas acababan realizando prácticas profesionales”. Una praxis que poco a poco va desvirtuando las funciones de aprendizaje: del carácter formador de unas prácticas profesionales se pasa a una mecánica de trabajo no remunerado con exigencias y obligaciones equiparables a las de aquéllos contratados. El camino es largo, difícil y precario. Luchamos, nos esforzamos, peleamos, buscamos una especialización y, aunque las cifras den un golpe en la mesa para frustrarnos, persistimos y remontamos.

Inmaculada Montes Written by:

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