Desmontando las palabras del director de SUR sobre becarios y estudiantes de Periodismo

El pasado jueves, el director del periódico malagueño Diario SUR, Manuel Castillo, publicó una columna en la que, dirigiéndose a los estudiantes de Periodismo, desgranaba su opinión acerca de sus expectativas, la situación del periodismo y las clásicas reivindicaciones de los becarios en los medios. He visto conveniente matizar algunas de las valoraciones y acusaciones que Castillo ha realizado en el texto. Aquí podéis consultar el texto al completo. Seleccionaré algunos extractos que me han llamado la atención. Por si acaso cabe alguna duda, mis opiniones me representan únicamente a mí, y no al conjunto de los colaboradores de Remontando, aunque soy consciente de que la mayoría comparte mis palabras. Muchos de ellos han sido estudiantes de Periodismo de la UMA y han sido becarios en Málaga.

La cosa está muy jodida. Sí. Será difícil, aunque no imposible, que encontréis trabajo en los medios y empresas periodísticas tradicionales. Y el camino será generalmente largo, difícil y precario.

El camino es largo, difícil y precario, sí. Es largo y difícil porque, como bien explica el director de SUR, el sector se encuentra sumido en una profunda remodelación. Las ventas decrecen, cada vez hay menos lectores en papel y ese proceso hace mucho más complicado prosperar en el oficio. Lo que no cuadra es que un director de un periódico asuma que la precariedad sea característica inherente a la profesión. No. Bajo la excusa de “el periodismo es así”, directivos y patrones aprovechan para incurrir en prácticas que rozan la ilegalidad, en las que profundizaré posteriormente. La precariedad es una cuestión de derechos laborales cuya responsabilidad es del directivo o del empresario, no del periodismo. Y que lo diga un director de periódico es, cuanto menos, sorprendente.

Este panorama tan negro no puede ocultar las enormes posibilidades que hoy ofrece el mundo de la comunicación. Lo que ocurre es que muchas de ellas, casi todas, están relacionadas con el entorno digital y audiovisual. Son tareas y profesiones que quizá desconocéis. O que no os han enseñado. Para ello creo imprescindible estar listos para la movilidad geográfica, para coger la maleta y acudir allá donde haya oportunidades.

No me parece responsable negar el derecho a la queja. Muchos de nosotros estamos muy dispuestos a coger la maleta y salir de casa: la práctica mayoría de los periodistas de los que me rodeo, de mi generación, ya lo han hecho. Eso es y debe ser compatible con la legítima ambición de no marcharse a otra ciudad. Ambición, que no derecho inherente. La precariedad introduce un rasero de clase, de privilegios, de solvencia económica que deja atrás a quienes no pueden permitirse “coger la maleta y acudir allá donde haya oportunidades”. Hay quien no puede permitirse, sorpresa, pagar 300 euros por un zulo en Madrid. La movilidad está bien siempre que sea una opción, no una obligación para salir adelante en el periodismo y en otros sectores. No tenemos miedo a salir de casa: pero luchamos por que quien no quiera o no pueda hacerlo, no tenga por qué. ¿Que es difícil? Desde luego. ¿Entran en la ecuación factores fuera de control, asociados a una profesión en pura transformación? Está claro. Pero eso no hace ni menos legítimo ni menos justo nuestro lamento, habida cuenta de que muchos de nosotros no nos quedamos en casa porque se esté calentito, sino porque salir cuesta mucho, mucho dinero. Y nos gusta la igualdad de oportunidades.

El proceso de becario es una oportunidad para aprender; nada más. Aquí, en periodismo, no existe el MIR. Id a hacer prácticas para absorber cuanto podáis, a ampliar muestra agenda, a construir vuestro perfil y vuestro cv. No sé cómo habéis llegado a la conclusión de que hacéis un favor a los medios en los que realizáis prácticas. Despertad. El favor os lo hacen ellos; y encima el sistema os recompensa con una ayuda económica.

Aquí no sé si Castillo incurre en un peligroso cinismo o en una también peligrosa ignorancia. Pongamos el ejemplo de un mundo ideal en el que el becario cumple las horas de su contrato, aprende de su labor y le enseñan del oficio y no realiza las labores de un contratado. En ese caso, chapeau. Genial. Ninguna queja: hay de todo, pero la mayoría de los que conformamos la generación que hasta hace poco estaba de beca en beca en Málaga asumía su condición y su papel. El problema es que estas condiciones, en esta ciudad difícil, jodida y precaria para el periodismo, no se cumplen. “No sé cómo habéis llegado a la conclusión de que hacéis un favor a los medios en los que realizáis prácticas”. Ha ayudado a esa “conclusión” la palmaria evidencia de que muchísimos becarios que trabajan en medios de Málaga están, en realidad, sustituyendo la fuerza de trabajo de contratados que están de vacaciones o, peor, que han sido despedidos.

Muchísimos trabajan muchas más horas de las que estipula su convenio de prácticas, y han mentido en la inspección de trabajo por miedo a represalias. Decenas de ellos han asumido responsabilidades que no les tocaban: incluso se han hecho cargo del medio en ausencia de otros trabajadores en fines de semana o festivos. Me faltan dedos de las manos para contar a los compañeros que han cerrado el periódico porque “el periodismo es así”, los que no han disfrutado de ningún tipo de supervisión o corrección de su trabajo, a pesar de que se trata de una “oportunidad para aprender”, y he oído varios casos de un trato paternalista y de desprecio por parte de los jefes que, por lo visto, les hacen un favor. “Despertad”, pide Castillo. Creo que el sueño lo vive quien, siendo parte activa del panorama mediático, cree que la mayoría de los becarios de su ciudad lo son por la infinita misericordia de sus responsables. Están porque supone un ahorro considerable introducir a un becario en vez de contratar a un trabajador que, por ley, sí puede realizar ese tipo de labores. No nos creemos con derecho al oro y al moro por ser becarios. No exigimos el derecho a un contrato. Nos creemos con el derecho a que se respete lo que pone en nuestros convenios.

Dejad en casa los prejuicios y los resentimientos y salid a hacer periodismo de verdad. Algunos de vosotros sólo hacéis criticar a los medios tradicionales, al sistema, a los periodistas… en vez de enfocar vuestro tiempo en el oficio.

No son prejuicios y resentimientos. Es plena consciencia de que, aunque sea difícil, el periodismo no está por encima de los derechos laborales. No voy a hablar en boca de todos los estudiantes de Comunicación que han pasado por la Facultad. Hablo por los míos, a los que Castillo también ha metido en el saco alegremente: no pedimos que nos contraten a 30 minutos de nuestra casa porque “somos la hostia” y lo hacemos bien. Peleamos y luchamos por oportunidades, pero no depende de nosotros y entendemos que el sector no pasa por el mejor momento. Pero que nadie albergue dudas de que vamos a exigir, vamos a gritar, vamos a denunciar que no se cumplan nuestros derechos, como becarios, como colaboradores o como contratados. En Málaga es tristemente habitual que no se cumplan, algo que Manolo Castillo o bien ignora, que lo dudo, o bien oculta deliberadamente en su análisis.

Criticamos a los medios tradicionales, al sistema y a los periodistas, sí. Insisto, no conozco el perfil de todos los estudiantes de Periodismo, a diferencia del director de SUR. Muchos criticamos a los medios como criticamos otros muchos ámbitos de nuestra sociedad, porque consideramos que es imprescindible ser crítico para ejercer con honestidad y con rigor. Es evidente que hay muchas críticas injustas y sectarias al panorama mediático español y malagueño, como también es evidente que otras muchas no lo son. Lo que definitivamente no se sostiene es la falsa dicotomía de o criticas a los medios o enfocas tiempo en el oficio. Sorprendentemente vemos posible denunciar sesgo, manipulación y complacencia con los poderes públicos y privados, y a la vez trabajar mucho y bien como juntaletras porque, a pesar de todo, confiamos en el poder del periodismo para vertebrar la sociedad. De hecho, muchas veces no nos ha quedado otra que enfocarnos en el oficio. Dejando de lado familia, amistades y vida. El periodismo es así, depende de la actualidad, muy bien. Pero no es justo hacerlo por 300 euros.

Salid de la arcadia feliz cuanto antes. La presión, esa de la que tanto habláis, es consustancial con el periodismo y nuestra misión como periodistas es no doblegarnos ante ella y mantener nuestros valores periodísticos y personales.

Dudo muchísimo que un becario sufra una presión “consustancial con el periodismo” porque, afortunadamente, por falta de experiencia y porque aún queda un poco de vergüenza, no tratan temas susceptibles de herir sensibilidades de los que más presionan: las empresas y los políticos que pagan. La presión de la que tanto hablamos se debe a que nuestras condiciones laborales no se corresponden con lo que viene en nuestro convenio. Ni más, ni menos. No sufrimos la presión de que nos llame El Corte Inglés: sufrimos la presión de trabajar 10 horas en las que no hemos aprendido nada por un sueldo de mierda y con la eterna pregunta de si servirá para algo.

No pongáis límites a vuestras metas; y mucho menos a vuestros sueños. Quizá os habéis preparado durante cuatro años para dar un paseo por playa y resulta que de lo que se trata es de sobrevivir en mitad de la de la Amazonia.

No nos ponemos límites ni a nuestras metas ni a nuestros sueños. Nos lo ponen los directores que no saben para qué sirve un becario, los que reconocen en nuestra cara que no vamos a cumplir las horas que hemos firmado, nos los pone una barrera económica brutal que solo permite que los que puedan estar de beca en beca cobrando mal finalmente prosperen, nos los pone el romanticismo peligroso de “el periodismo es así” como excusa para aprovecharse de nuestra ilusión y nuestras ganas, nos pone límites la crisis y los recortes en becas. A muchos de nosotros nos quema en la garganta el amor por este oficio y, de verdad, no sabríamos hacer otra cosa. Pero desaniman y enfadan las injusticias a las que nos hemos tenido que enfrentar y a las que nos enfrentamos. Y más de una vez hemos deseado querer un poco menos esto que hacemos o que intentamos hacer.

Puedo asegurar que desde el minuto uno de la carrera nos explican que el periodismo está muy mal. De verdad. La carrera de Periodismo en la UMA tiene muchas, muchas carencias, pero esa no es una de ellas. Salimos perfectamente conscientes de que tenemos que sobrevivir en la mitad de la Amazonia. Pero nos gustaría hacerlo con unas botas de montaña, una cantimplora y un tarrito de antídoto contra serpientes. Espero que no sea mucho pedir.

Y sí, se puede vivir de ello. Y ser feliz. Muy feliz.

Lo sabemos. Pero no estamos dispuestos a tragar absolutamente todo para conseguirlo.

 

 

Ahora permíteme que me dirija a ti directamente, Manolo, para evitar malentendidos. No creas que esto es una pataleta porque yo soy de los que ha tenido suerte: mis prácticas en medios fueron, en la medida de lo razonable, muy positivas. Aprendí, me sentí valorado y apreciado y no creo que fuera explotado. Si alguno de mis jefes me está leyendo, solo puedo transmitirles mi agradecimiento. Tampoco soy becario. Soy de los que al final del túnel encontró una oportunidad. Pero utilizo la primera persona del plural porque tenemos conciencia de clase, porque hasta hace poco estuve en el escalón más bajo de la escalera más endeble, porque tenemos la manía de querernos, apoyarnos y consolarnos entre nosotros.

Nunca he trabajado en SUR. No hablo de las condiciones en tu periódico, como comprobarás, porque no las conozco de primera mano. Pero llevo reuniendo testimonios durante años de lo que es ser becario en un medio en Málaga y eso me permite hacer un análisis de la situación que, perdona por la falta de humildad, está bastante más apegado a la realidad que tu texto. No es esto, tampoco, una crítica a tu medio. Hay algunos aspectos que os valoro, al igual que actitudes y piezas marca SUR que detesto, aunque no son objeto de este análisis.

Hay párrafos que omito de tu columna con los que estoy de acuerdo. No los incluyo porque para bailarte el agua están otros. Coincido en, como he apuntado, el análisis de la intensa transformación que disfruta, o que sufre, el periodismo, y que nos obliga a adaptarnos. Creo que para sobrevivir hay que tener ímpetu, energía, autoestima a prueba de bombas, creo que hay que ser humilde y en todo momento conscientes de cuál es nuestro lugar. Creo que hay que currar mucho, tener paciencia, talento y especializarse.

Lo que no nos puedes pedir, y perdona las confianzas, Manolo, es que traguemos con absolutamente todo, que omitas las injusticias, en mucho caso ilegales, que hemos sufrido. Y que, encima, nos metas en el mismo saco. No confundas tener dignidad con lloriqueos, porque no nos vamos a quedar callados. Y, a pesar de todo, vamos a seguir remontando.

Un colega.

Javier Martínez Written by:

Periodismo medioambiental, porque es necesario. De cualquier cosa, en realidad, si me dejan. Me encanta Pokémon y conservo cierta madurez emocional, todo a la vez. Estuve en infoLibre y en El Mundo de Málaga, y dirigí la puta locura de La Taberna Global.

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