Redes sociales, ¿libertad o trampa? Homofilia, espiral del silencio y esfera pública

Estar conectado a una red social como Facebook o Instagram significa estar al alcance de todo aquello que nos interesa saber. Sin embargo, como en el truco de un ilusionista, éstas no siempre muestran el mundo tal y como es.

Para la sorpresa de algunos y la confirmación de otros, dos individuos entrelazados en una red social –ya sea Facebook, Twitter, Instagram u otra– tienden a darse la razón entre sí. Existen diversos estudios científicos que corroboran y explican este fenómeno, el cual no siempre depende de la calidad de la información que compartimos y nos hace pensar que las otras personas son inteligentes e interesantes siempre. ¿Llegamos a esas conclusiones de forma libre o tienen trampa?

La descripción de cambios en el comportamiento, tales como la pérdida de autoestima, sentimientos de culpabilidad o el deseo intenso de complacer a los demás convierten a las redes sociales en auténticas cárceles virtuales: si bien actuar como un fan delante de tus amigos se ha convertido en algo normal que nadie cuestiona, existe una relación inversa donde todo lo que nos llega al móvil fortalece la idea acerca de quiénes somos, qué nos gusta y a qué pertenecemos, poniendo en peligro nuestras relaciones de amistad y sustituyéndolas por algo más superficial e insustancial.

Esferas públicas, un universo aparte

En el libro La decadencia de Occidente, Oswald Spengler (1880-1936) hablaba de una “urbe mundial” en la que no vivía un pueblo, sino una “masa”. Pese al cuestionado rigor intelectual de la obra, Spengler supo vaticinar el escenario en el que hoy día todos somos actores: un grupo imperante de masas repartidas de un modo más o menos uniforme a lo largo y ancho de una esfera pública, o como diría Petr Dahlgren en 2005, “una constelación de espacios comunicativos que permite la circulación libre de ideas e información”. De hecho, gracias a que tú también formas parte de esa realidad de realidades, ahora puedes estar leyendo esto.

Del mismo modo que lo hace Internet, la esfera pública se alimenta de una infinidad de comentarios e ideas que, de un modo u otro, son capaces de llegar a las pantallas casi sin que nos demos cuenta, filtrándose fácilmente en el contenido diario –o feed– de nuestras redes sociales, esto es, en nuestra esfera privada, única e intransferible. Nunca antes fue tan fácil como ahora. Pero, si todo el mundo tiene acceso a todos los contenidos, ¿por qué no todos llegan a los mismos? ¿Acaso todo lo que pensamos y creemos es una consecuencia de nuestra exposición a la esfera pública? ¿O tiene más que ver con la forma en la que recibimos información en nuestra esfera privada?

Homofilia: los amigos de mis amigos también son mis amigos

La respuesta a esas preguntas dependerá del nivel de homofilia entre los individuos. La homofilia –más allá del amor por el colectivo LGTB– es la tendencia a acercarnos más a aquellos que presentan características similares a nosotros, así como la responsable de unir y entrelazar a aquellos individuos que comparten las mismas ideas, y que por tanto tenderán a seguir las mismas páginas, expondrán una estética común, escucharán la misma música, verán las mismas series, y con cierta probabilidad tendrán un modo muy parecido de entender el mundo, ya que estarán rodeados del mismo tipo de información. Como puedes imaginar, el hecho de estar expuesto a algo con predisposición no hace sino aumentar la predisposición a estar expuesto.

Gracias a una exposición seleccionada y segregada desde un punto de vista homofílico, todos parecemos enterarnos de las mismas cosas, sabemos cómo informarnos y por tanto dar una opinión argumentada acerca de prácticamente cualquier tema de nuestro interés, lo que funciona de forma positiva al saber que podremos sentirnos valorados al menos por aquellos que reciban el mismo tipo de feed. No, nadie es único. Tú tampoco.

Asimismo, trabajos como los de Lazarsfeld y Merton en la década de los cincuenta nos confirman experimentar niveles menores de estrés cuando la información que se nos ofrece está en consonancia con nuestras propias opiniones, lo que como grupo social nos lleva no sólo a darnos la razón entre sí, sino a generar más contenido que refuerce la idea original, algo en definitiva muy parecido al fenómeno influencer de hoy en día. ¿Explica eso por qué siempre sueles poner el mismo canal en la televisión o por qué tu abuelo tiene su periódico preferido?

La espiral del silencio (o el miedo colectivo)

Como resultado de estar expuestos solamente a lo que nos gusta, nuestra perspectiva del mundo se empobrece: ser partícipe de una única esfera pública nos limita más que ayudarnos, ofreciéndonos una imagen muy poco real del contexto en el que nos relacionamos. Con la construcción de la ideología en una esfera pública se construyen también una serie de valores comunes que determinan lo que hay de correcto o incorrecto en cada post. Si lo sumamos a la pobreza de la perspectiva que presenta la esfera individual con respecto a la pública, aparece uno de los conceptos más peligrosos y sin embargo comunes de la sociedad: la espiral del silencio.

La espiral del silencio nace de la teoría presentada en los años sesenta por Elisabet Noelle-Neumann. En ella se explica por qué muchas personas prefieren mantener el silencio a exteriorizar sus ideas frente a las de la mayoría debido a un sentimiento de miedo por ser apartadas del grupo. Con la práctica repetida, este silencio nos envolverá de forma gradual en una espiral sin salida. Si se tiene en cuenta que las redes sociales no hacen sino expandir las ideas del grupo, éstas ayudarían entonces a provocar una presión social injusta e invisible para los individuos al limitar su libertad de pensamiento y al hacer de la libertad de expresión algo desconsoladamente inútil.

Written by:

Filóloga y redactora a tiempo parcial. Adicta a los libros desde 1993. Me gusta aprender cosas y desayunar con la música de Paul Simon.

Be First to Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

¡No olvides ser educado y respetuoso! Al poner un comentario aceptas que usemos tus datos personales. No pensamos utilizarlos, la verdad, pero la ley nos obliga a esto. Lee el aviso legal completo aquí.