“Cifuentes se fuma dos asignaturas y si yo quiero faltar a clase tengo que dar explicaciones”

Cifuentes podría haber falsificado las notas de su máster en la URJC. Hemos querido saber qué piensan los otros grandes afectados por el escándalo: los estudiantes

Muchos años después, frente a la Audiencia Provincial, la expresidenta Cristina Cifuentes había de recordar aquella tarde remota en la que olvidó presentar su TFM. Era el año 2012 y la entonces delegada del Gobierno, el “verso libre del PP”, ya estaba labrando su camino hacia la presidencia de la Comunidad de Madrid. Un esfuerzo que no le quitó tiempo para matricularse en un máster de Derecho de las Administraciones Públicas en la universidad Rey Juan Carlos, pagada por todos y administrada por su actual Gobierno.

Al parecer, el esfuerzo no fue tal, ya que, según ha denunciado este martes eldiario.es, la presidenta de la Comunidad de Madrid no tuvo siquiera que completar el curso: una funcionaria de otro campus cambió sus notas —entre ellas, la del Trabajo Fin de Máster—, de la red interna dos años después para blanquear su aprobado. La falsificación de los resultados, que figuraban como ‘No presentado’, podría incurrir en un delito de falsedad en documento público y quizá, de darse en otro país o en otro partido político, acabar en dimisión por parte de Cifuentes.

“Es una mierda, pero no me afecta directamente”

Cuando me bajo del metro en el campus de Vicálvaro, lo primero que pienso es en la rabia que se debe estar caldeando entre los estudiantes de la URJC. En menos de dos años, la conocida como ‘satélite del PP’ ha sido portada en los medios por las acusaciones de plagio literal (erratas incluidas) de su exrector, además de por las irregulares circunstancias que rodean a algunos profesores, íntimamente relacionados con cargos del Partido Popular (la hermana de Cifuentes, la cuñada de Granados o la sobrina de Mayor Oreja). Pensaba que no se olvidaría, y me equivocaba.

A pesar de que la noticia ha indignado a algunos universitarios de la Rey Juan Carlos, a la mayoría no parece importarle demasiado. Muchos andan despreocupados por los patios de la facultad comentando sus asignaturas o sus salidas del último fin de semana, pero nadie menciona el caso de Cifuentes. “Es un caso más. Seguro que en un mes o dos pasa como con el plagio del rector, que se olvida y nadie vuelve a saber del tema”, comenta Carlos, estudiante de ADE, mientras sus compañeros asienten con la cabeza. 

Y tengo que darles la razón. “Solo un caso más”, reflexiono, y me pregunto dónde han quedado aquellos días en los que Cifuentes comparecía ante la Comisión de Investigación sobre la corrupción en el Canal de Isabel II o cuando se ocultaba de las operaciones de González y Gallardón en los pagos al testaferro de Lezo. Parecen muy lejanos, pero me fijo en que solo ha pasado “un mes o dos”. Suficiente para olvidarse y no volver a saber del tema, supongo.

Unos estudiantes de Audiovisuales preguntan si la presidenta “no tiene cosas mejores que hacer que sacarse un máster”

Las opiniones no cambian demasiado cuando me dirijo a un grupo de estudiantes de Comunicación Audiovisual que están sentadas fumando. Dos de ellas ni siquiera han leído la noticia, pero cuando otra compañera les explica lo que ha sucedido, ambas se sorprenden de que nadie, ni alumnos ni profesores, haya comentado nada.

Eso les indigna, y se preguntan si la dirigente popular “no tiene cosas mejores que hacer que sacarse un máster”. Yo pienso algo parecido, al fin y al cabo no hace tanto que me gradué. Me pregunto cómo Cristina Cifuentes, que no tiene tiempo para tomarse vacaciones de verano ni para dormir más de cuatro horas al día, sí aprovecha el día para sacarse un posgrado, una tesis doctoral o para tuitear los fetiches de su gato. Las tres alumnas, casi coordinadamente, me dan la respuesta.

“La han aprobado por la cara, y es una mierda, pero tampoco es que nos afecte directamente”, prosigue una de ellas. Casi se diría por su forma de hablar que este tipo de casos se den todos los días en la Rey Juan Carlos, una universidad que el año pasado mantuvo durante meses a un rector acusado de plagio y que, precisamente, colocó de forma irregular a la hermana de Cifuentes en un puesto de docencia. Esa universidad en la que, para llegar a un alto cargo educativo, “tienes que tener un enchufe con el PP”.

Así lo señala Miguel, estudiante de Marketing. Se queja de la poca implicación de los estudiantes y las asociaciones en la lucha contra los últimos escándalos de la universidad. “Otro chanchullo más. Me cabrea porque esta tía se ha fumado dos asignaturas, una el TFM, y yo, si quiero faltar un día a clase porque me sale de los huevos, tengo que andar dando explicaciones. Lo único bueno es que con esto se le ha caído la careta”.

Y tiene razón, pero parece que Miguel es, de la misma forma que Cifuentes, un verso libre en este campus. Esto es, independiente de la tónica general. Estoy de acuerdo con él, aunque no estoy tan seguro de que se le haya caído la careta. Quizá siempre fue a cara descubierta. Quizá éramos nosotros lo que estábamos ciegos.

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